Cobra vida la protesta ante el lente fotográfico (parte dos)

Unos vienen otros van, cada cual tiene un día que le dirá adiós a la vida. “Estamos prestados en este mundo”. Frases que no justifican la muerte de inocentes por culpa de la ola criminal que nos arropa.
Los medios nos cuentan que ya son 344 asesinatos en lo que va del año, las redes sociales se hacen eco de las malas noticias. Se escucha en los pasillos de nuestras casas, del trabajo a voces puertorriqueñas que gritan como dos niños inocentes han muerto en manos de criminales. La inocencia se nos escapó cuando murió la niña de seis años en Gurabo y el niño de diez en el Hotel Caribe Hilton.

 

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Foto por Joaquin Medina 

Se rumoraba en estos días una guerra entre bandos del bajo mundo para vengar la muerte de estas criaturas. En la ciudad, en los campos de Puerto Rico se sentía la incertidumbre; el pueblo debía encerrarse para evitar ser parte de una tragedia más. Estamos ante un miedo colectivo. Crisis, no hay dinero, no hay trabajos, nos fumigarán, ya no hay tolerancia “el sino me llevo contigo, te eliminó”’ es la mentalidad que permea en los que cobran vidas inocentes.

 
Ninguna matanza es justificada, pero es lo que nos llena de dolor este largo verano. “El mundo se nos viene abajo, es culpa de la policía y del gobierno” así nos expresamos. Pasando la bolita de la culpabilidad de mano en mano y con ella se nos va la poca solidaridad que nos queda.

 
Y ni hablar de los afro-americanos que han muerto en manos de policías estadounidenses. La tensión racial se siente y la comunidad negra junto a Black Lives Matter gime y sus corazones adolecen. ¿Cómo es posible que en la nación que te vio crecer no te sientas seguro? Que por razón de tu herencia y tu color de piel no puedas vivir en armonía con tu vecino.

 
Es como si años de lucha en contra del racismo y la desigualdad se hubiesen ahogado en las profundidades del mar. Las calles estadounidenses son los carruajes que cargan los pies de los que marchan por el cambio.

 
No queremos más muertes como la de Alton Sterling, ni como la de Philando Castile, Eric Garner, y de muchos inocentes más. La policía anda armada de un uso excesivo de la fuerza letal en donde la violencia se convierte en su primer acto impulsivo.

 

 

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Foto por Joaquin Medina

La gente marcha pacíficamente con una rabia potente esperando que algún día las tensiones raciales se erradiquen y llegue la paz. La armonía nos espera, pero no podemos vivir enajenados, ni con el corazón frio ante tanto dolor mundial.

 
Poco a poco la humanidad sana, pero no olvida la balacera que ocurrió en la discoteca Pulse en Orlando. En aquella “Noche Latina” del club, 50 vidas murieron de la manera más injusta y dolorosa; a manos de un criminal con el corazón tan negro como la bandera pintada de negro ubicada en El Viejo San Juan. Una matanza que fue eco de la intolerancia, “hasta luego” susurraron las almas de la comunidad que bailaba, reía y gozaba libremente.

 
Sangre boricua se derramó sobre el suelo de Pulse. Stanley Almodóvar III, Luis Omar Ocasio Capó, Juan Ramón Guerrero, Eric Iván Ortiz Rivera, Peter O. González-Cruz, son solo algunos de los boricuas que murieron. Que nunca se nos olviden sus nombres, que no se nos acostumbre el corazón y la vista al “es uno más en la lista de crímenes”.

 
¿Cómo es que el odio puede opacar el amor? Nadie merece morir por ser quién es, por amar. Hay a quienes se les ha enseñado a rechazar lo que es diferente a ellos. ¿Cómo combatimos tanto dolor? Arrancando de raíz el racismo, y la idea de que por el color de la piel o la preferencia sexual se es ya más superior a otro.

 
¿Qué nos queda hacer como pueblo? Luchar, ser solidarios y denunciar los actos de violencia que inundan el universo.

 
Así como el lente de Joaquín Medina capturó el rojo, el negro y el blanco representativos del luto, el amor y la paz, enlacemos lo bueno que llevamos por dentro y mantengámonos en pie de lucha.

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Foto capturada por Joaquin Medina 

 

Las flores rojas nos ponen en contemplación de que las vidas de los inocentes muertos no se quedarán en el vacío. Que el luto sea algo pasajero, que el negro se desvanezca, que llegue el rojo (el amor, la armonía) y de pinceladas de guerra a la maldad, que no caigan más vidas, que la paz desarrolle alas y aterrice al mundo. Que la paz no se nos vuelva una utopía.

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